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Que todo cambie...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Quienes se interesan por Birmania suelen dividirse en dos campos: los optimistas y los realistas. Los optimistas siempre reciben llenos de alborozo el último anuncio de los generales de la Junta de que serán buenos, honestos y democráticos. “¿Veis cómo en el fondo son razonables y quieren lo mejor para su pueblo?” Los realistas piensan que no se pueden fiar de los generales, que cada vez que prometen algo es para no cumplirlo. Generalmente los optimistas, cuando llevan suficientes años ocupándose de Birmania, acaban convertidos en realistas. O eso, o abandonan los temas birmanos por desesperación.

Durante los dos últimos años, los optimistas habituales nos han estado repitiendo que los generales son buenos y sinceros, como prueba el hecho de que el 2010 vayan a celebrar elecciones y vayan a entregar el poder al Gobierno que salga de esas elecciones. Lamento tener que aguar su entusiasmo, pero hay algunas cosas que no veo claras en este asunto de las elecciones birmanas de 2010.

La primera es que estamos en marzo y todavía no hay fecha fijada para las primeras elecciones que se celebrarán en 20 años en el país. Durante mucho tiempo se especuló con que serían en mayo. El “Asahi Shimbun” de Japón ha publicado que los generales estarían ahora barajando la fecha del 10 del 10 del 10, porque con tantos “10” seguro que las ganan. No creo que necesiten de supersticiones para ganarlas, cuando ya tienen en sus manos el aparato del Estado y el control sobre la maquinaria electoral.

Dado que no dudaremos de la buena fe de los generales, ha debido de ser una desafortunada coincidencia el hecho de que la Constitución impida que puedan presentarse a la elección personas que estén o hayan estado casadas con extranjeros y que esa condición le sea aplicable a Aung San Suu Kyi. O tal vez no haya habido coincidencia: la recientemente aprobada Ley de Registro de Partidos Políticos prohíbe la pertenencia a un partido político a las personas que hayan sido condenadas por un tribunal. ¡Mecachis en la mar! Resulta que esa cláusula se le puede a aplicar a Aung San Suu Kyi. Por cierto que el crimen tan horrendo que cometió fue el de violar su injusto arresto domiciliario al dar alojamiento a un norteamericano loco que había irrumpido en su casa. Al menos Aung San Suu Kyi no será la única que no pueda participar en las elecciones. Tampoco podrán participar los más de 2.100 prisioneros políticos, los miembros de órdenes religiosas (todavía les escuece a los militares el recuerdo de las manifestaciones de monjes de septiembre de 2007) ni los funcionarios (el único papel que un funcionario puede sostener en sus manos impunemente en un régimen dictatorial es la página de crucigramas del periódico; el acta de membresía de un partido es peligrosa).

La Ley de Registro de Partidos Políticos tiene mucha tela que cortar. Su artículo 2 define partido político como “uno que está convencido de la democracia disciplinada multipartidista como base de su ideología política.” Vamos, que tienes que pensar como los militares si quieres que te reconozcan. Los partidos que deseen registrarse tienen que firmar un compromiso diciendo que se someten a la Constitución que los militares aprobaron en 2008 para irse sin irse del todo del poder político.

No sé por qué tantas cautelas con los partidos políticos cuando la Ley sobre la Comisión Electoral que se acaba de aprobar ya garantiza que no haya sorpresas como las de las elecciones de 1990. Dicha ley establece que el régimen escogerá a los miembros de la Comisión, que deberán ser personas de respetadas de más de 50 años, que lleven el sello de aprobación de la junta militar y no pertenezcan a ningún partido político. La Comisión electoral tiene la última palabra en lo que concierne a las listas de votantes, a las listas de candidatos, a la cancelación de las elecciones en determinados distritos por razón de desastre natural o temas de seguridad, y a la designación de los distritos electorales. La Comisión Electoral tiene tantos poderes que ya casi podría decirnos cuáles serán los resultados de las elecciones y así nos ahorramos el gasto de tener que imprimir las papeletas de voto.

Puede que estemos exagerando un poco con el tema de las elecciones birmanas y con lo que pueden cambiar el panorama. Si nos atenemos a la Constitución de 2008, las Fuerzas Armadas (FFAA) participarán en el liderazgo político en el Estado. En determinados casos de emergencia el Comandante en Jefe del Ejército está facultado para ejercer el poder soberano del Estado. El Presidente de la República posee amplísimas facultades y es elegido por un Colegio Electoral en el que la tercera parte de los electores proceden de las FFAA. El parlamento que salga de las elecciones tendrá un 25% de miembros que serán militares y no habrán sido elegidos por el electorado... No sé si las elecciones van a ser para elegir un Parlamento efectivo o para elegir a diputados que le hagan la ola al dictador Than Shwe cada vez que hable.

Viendo cómo se están preparando las elecciones birmanas de 2010 sospecho que los militares no se han leído a Montesquieu ni a Popper, pero “El Gatopardo” de Lampedusa bien que se lo han empapado: que todo cambie, para que todo permanezca igual.

Artículo (realista) leído en Asia, Buda y rollitos de primavera.

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