Myanmar // Birmania // Burma

Pages

Mostrando entradas con la etiqueta Etnias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Etnias. Mostrar todas las entradas

Documental: Vivir sin país (Living without a country)

jueves, 10 de diciembre de 2020

La productora Pauxa Films está preparando un documental sobre el exilio Rohingya en Birmania. Para ello están realizando un crowdfunding (micromecenazgo) en la plataforma Goteo.org. Aquí os dejamos la presentación que han hecho:

ALBERTO MARTOS / LIVING WITHOUT A COUNTRY from PAUXA FILMS on Vimeo.

TRAILER | VIVIR SIN PAÍS, EL EXILIO ROHINGYA from PAUXA FILMS on Vimeo.

 Visto en Goteo.org

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

La caída del mito Aung San Suu Kyi

sábado, 2 de noviembre de 2019

Galardonada con el premio Nobel de la Paz en 1991 y comparada a mitos de la no violencia como Gandhi o Mandela, Aung San Suu Kyi fue durante años la musa de la democracia a ojos de la comunidad internacional. No obstante, la ONU acusa a la "Dama de Rangún” de complicidad por su pasividad frente a la limpieza étnica perpetrada por el ejército birmano contra la minoría musulmana de los rohinyás

Un documental de investigación de Karen Stokkendal Poulsen.

Realización : Karen Stokkendal Poulsen
Productor(a) : Bullitt Film y Little Big Story
País : Francia y Dinamarca
Año : 2018

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Confirman la pena de 7 años de cárcel para dos periodistas que desvelaron una masacre rohingya

viernes, 11 de enero de 2019

Uno de los periodistas encarcelados,
Wa Lone, durante el juicio,
en septiembre de 2018
El Tribunal Superior de Rangún desestimó hoy el recurso de apelación presentado por los periodistas birmanos Wa Lone y Kyaw Soe Oo de la agencia Reuters contra la pena de siete años de prisión que cumplen.

"No hay evidencias suficientes para liberar a los culpables", señaló el magistrado que lleva el caso al hacer público el veredicto contra el recurso, en una vista donde los acusados no estuvieron presentes.

Ambos reporteros, detenidos mientras investigaban una masacre de rohingyas, fueron hallados culpables en septiembre de 2018 de vulnerar la Ley de Secretos Oficiales, una norma de la era colonial, al estar en posesión de unos documentos confidenciales que les acababan de entregar dos policías.

Los condenados, de 32 y 28 años, alegan que fue una encerrona la reunión en la noche del 12 de diciembre de 2017 con los agentes y los documentos recibidos, cuyo contenido no llegaron a conocer porque fueron arrestados nada más recibirlos.

Los abogados de los dos periodistas, que siempre se han declarado inocentes, cuentan todavía con una última oportunidad de revocar la condena ante el Tribunal Supremo de Birmania, cuya decisión dejará el caso en firme.

En el momento de su detención los reporteros seguían la pista de la muerte de diez rohingyas en una aldea en el estado Rakhine (oeste) en el marco de una operación militar en respuesta a una serie de ataques de un grupo insurgente rohingya a puestos policiales el 25 de agosto de 2017.

La investigación posterior de la muerte de los diez rohingyas determinó que siete soldados fuesen juzgados y condenados a diez años de prisión cada uno.

El informe de una comisión especial de la ONU, presentado el pasado septiembre, halló pruebas de genocidio en la campaña militar desarrollada en Rakhine en 2017 y que causó el éxodo de 723.000 rohingyas a Bangladesh.

El Gobierno y el Ejército birmanos rechazaron las conclusiones de Naciones Unidas.

Los rohingyas son una comunidad de mayoría musulmana a las que las autoridades birmanas niegan la ciudadanía y viven en una especie de "apartheid" en Rakhine.

El pasado 11 de diciembre, los reporteros de Reuters fueron designados por la revista Time como Personas del Año junto con el periodista saudí asesinado Jamal Khashoggi, la reportera filipina Maria Ressa y el periódico estadounidense Capital Gazette, donde cinco trabajadores murieron en un tiroteo el pasado junio.

Visto en El mundo.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Los militares que usaron Facebook para incentivar un genocidio

lunes, 22 de octubre de 2018


Un centro de repatriación de rohinyás que regresaron a Birmania
después de haber huido por una ola de violencia
Credit Adam Dean para The New York Times
NAIPIDYÓ, Birmania – Se hicieron pasar por fanáticos de estrellas del pop y de héroes nacionales mientras inundaban Facebook con su odio. Uno de ellos dijo que el islam representaba una amenaza mundial para el budismo. Otro más compartió una historia falsa acerca de un hombre musulmán que violó a una mujer budista.

Estas publicaciones en Facebook no fueron hechas por usuarios típicos de internet, sino por el personal militar birmano. El ejército convirtió así a la red social en una herramienta para llevar a cabo una limpieza étnica, de acuerdo con exmilitares, investigadores y funcionarios civiles del país asiático.

De acuerdo con las fuentes, los miembros del ejército birmano fueron los principales actores detrás de una campaña sistemática en Facebook que duró cinco años y cuyo blanco eran los rohinyás, un grupo minoritario compuesto en su mayoría por musulmanes. El ejército aprovechó el amplio alcance de Facebook en Birmania; ahí su uso es tan común que muchos de los 18 millones de usuarios de la web en el país creen que la plataforma es todo el internet.

Varios grupos de defensa de los derechos humanos culpan a la propaganda contraria a los rohinyás de incitar asesinatos, violaciones y la migración humana masiva más grande de la historia reciente.

En agosto, ante los cuestionamientos de The New York Times, Facebook desactivó las cuentas oficiales de los dirigentes de alto rango del ejército birmano; en ese momento aún no quedaban claros el alcance ni los detalles de la campaña propagandística, oculta detrás de nombres falsos y cuentas ficticias. La campaña, descrita por cinco personas que solicitaron mantener el anonimato por temor a arriesgar su integridad física, incluía a cientos de militares que crearon perfiles, páginas de figuras famosas y noticias falsas en Facebook y luego los llenaron de comentarios y publicaciones incendiarios publicados en horas pico de audiencia.

Las fuentes afirman que los militares trabajaban por turnos en bases atestadas al lado de colinas cercanas a la capital política, Naipyidó, y que también se les pidió que recabaran información de cuentas de figuras famosas y publicaciones con críticas desfavorables hacia el ejército. Las operaciones se hicieron con tal secretismo que a la entrada todos tenían que ser sometidos a una revisión de su teléfono, a excepción de los altos mandos.

Capturas de pantalla de la cuenta
oficial del comandante jefe
del ejército birmano.
Las páginas fueron eliminadas
por Facebook en agosto.
Facebook confirmó la mayoría de los detalles acerca de la sospechosa campaña ejecutada por el ejército. El director de política de ciberseguridad de la empresa, Nathaniel Gleicher, aseguró que había descubierto “intentos evidentes y deliberados de difundir, de manera encubierta, propaganda relacionada directamente con el ejército birmano”.

Estas acciones del ejército birmano son uno de los ejemplos más claros de cómo un gobierno autoritario aprovecha las redes sociales en contra de sus propios ciudadanos. Se trata de otra faceta de las campañas de desinformación que se desarrollan en el sitio. Por ejemplo, rusos e iraníes que, apoyados por el gobierno, han difundido mensajes incendiarios a través de Facebook al público de otros países. En Estados Unidos, algunos grupos locales han adoptado tácticas similares antes de las elecciones intermedias del 6 de noviembre próximo.

El ejército se ha beneficiado mucho de Facebook”, dijo Thet Swe Win, fundador de Synergy, un grupo que se enfoca en fomentar la armonía social en Birmania. “Yo no diría que Facebook está involucrado directamente en la limpieza étnica, pero sí tienen cierta responsabilidad de tomar acciones que eviten que la plataforma se convierta en una instigadora del genocidio”.

Para agosto, cuando Facebook reconoció que había demorado en actuar después de meses de reportes de propaganda en contra de los rohinyá en la plataforma, más de 700.000 integrantes de la minoría habían tenido que huir del país, un hecho que funcionarios de la ONU llamaron “un ejemplo básico de limpieza étnica”. La empresa ha afirmado que está redoblando esfuerzos para detener esos abusos.

El comité de información del ejército de Birmania no respondió a las múltiples solicitudes de comentarios a este reportaje.

En las fotos de la publicación
se muestran presuntos actos
violentos de rohinyás en los
cuarenta, pero en realidad
son imágenes de la guerra de
independencia de Bangladés,
en 1971.
La operación de la milicia birmana en Facebook comenzó hace varios años, de acuerdo con personas que saben cómo funcionaba. Según ellas, el ejército destinó muchos recursos y puso a trabajar hasta setecientas personas en esta tarea.

Comenzaron por crear lo que parecían ser páginas de noticias y perfiles en Facebook dedicados a cantantes de pop, modelos y otras celebridades birmanas, como una reina de belleza. Esas páginas se convirtieron en canales de distribución de fotografías morbosas, noticias falsas y publicaciones incendiarias, a menudo en contra de los musulmanes birmanos, según las fuentes. Las cuentas falsas administradas por el ejército contribuyeron a difundir el contenido, a acallar las críticas y a fomentar discusiones entre quienes hacían comentarios para encolerizarlos. Una de las fuentes señaló que con frecuencia publicaban fotografías simuladas de cadáveres que decían que eran evidencia de supuestas masacres perpetradas por los rohinyás.

En 2017, surgió una de las campañas más peligrosas, de acuerdo con dos de las fuentes. Valiéndose de la conmemoración del 11 de septiembre de 2001, el departamento de inteligencia militar difundió rumores en los grupos de Facebook con muchos seguidores en los que aseguraba que se llevarían a cabo “ataques yihadistas”. En tanto, a los grupos con seguidores musulmanes les pusieron un mensaje distinto, en el que se afirmaba que los monjes budistas del país estaban organizando protestas en su contra.
Un asentamiento de rohinyás que huyeron hacia Bangladés;
se estima que más de 700.000 personas dejaron su hogar en Birmania
por lo que la ONU calificó como una campaña de "limpieza étnica".
Credit Adam Dean para The New York Times
Los investigadores que dieron seguimiento a las tácticas aseguraron que el propósito de la campaña que puso al país en alerta era crear un ambiente generalizado de vulnerabilidad y temor que solo pudiera ser apaciguado con la protección militar.

Facebook afirmó haber encontrado pruebas de que los mensajes se difundían de forma intencional desde cuentas no verificadas y desactivó algunas de ellas en su momento, pero no investigó ninguna relación con los militares.

El ejército aprovechó su amplia historia de hacer guerra con herramientas psicológicas, que desarrolló durante las décadas en las que Birmania estaba bajo control de una junta militar que dejó el poder en 2011. Antes, el objetivo de las campañas era desacreditar las emisiones radiofónicas de medios extranjeros. Un veterano de la época afirmó que les enseñaban una regla de oro para las noticias falsas: si una cuarta parte de la información es real, el resto parece factible.

Wai Moe colaboró con el reportaje desde Rangún, Birmania.
Reportaje de Paul Mozur para The New York Times.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Los periodistas de Reuters, detenidos en Myanmar, fueron condenados

lunes, 10 de septiembre de 2018

Un juez declaró culpables a los dos periodistas de la agencia de noticias Reuters, por revelar secretos oficiales de Myanmar, en un caso que desafió la libertad de prensa y que los tiene en prisión desde diciembre de 2017.


A siete años de cárcel fueron condenados Wa Lone, de 32 años, y Kyaw Soe Oo, de 28 años. El juez Ye Lwin, del distrito norteño de Yangón, dictaminó que rompieron la Ley de Secretos Oficiales de la era colonial.

El magistrado explicó que: "Los demandados... han violado la Ley de Secretos Oficiales, sección 3.1.c, y están sentenciados a siete años. Se tendrá en cuenta el tiempo que ya cumplieron los acusados desde el 12 de diciembre".

El caso empezó como consecuencia de una investigación periodística de los comunicadores sobre los asesinatos de 10 hombres y niños musulmanes rohingyas en un poblado en el Estado de Rakhine, en el oeste de Myanmar.

Las muertes habrían ocurrido en medio de una de las peores crisis humanitarias del país por una represión militar que fue denunciada internacionalmente y que, según las agencias de Naciones Unidas, llevó a que más de 700.000 rohingyas huyeran al vecino Bangladesh, situación que sigue sin resolverse.

El 9 de julio de 2018 el tribunal presentó cargos por apoderamiento de documentos secretos pertenecientes a las fuerzas de seguridad. La fiscalía argumentó que los empleados de Reuters tenían la intención de dañar la seguridad nacional, pues en los papeles que recibieron se detallaban los movimientos de las fuerzas armadas.

El ente acusador también alegó que los comunicadores además tenían en su poder, en sus teléfonos celulares, información confidencial.

Por su parte, Wa Lone y Kyaw Soe siempre se declararon inocentes y dijeron a la corte que les tendieron una trampa, cuando dos policías les entregaron documentos en un restaurante de Yangón, minutos antes de que más agentes llegaran al sitio y los arrestaran, el pasado 12 de diciembre.

Visto en France 24

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Los investigadores de la ONU acusan a los militares de Birmania de genocidio

martes, 28 de agosto de 2018

El jefe de las Fuerzas Armadas de Birmania, Min AungHlaing, y la jefa del Gobierno, Aung San Suu Kyi.

Un informe de un grupo de investigadores de Naciones Unidas redactado en base a cientos de entrevistas de testigos de la brutal ofensiva que lanzó el ejército de Birmania contra la minoría musulmana Rohingya el verano pasado ha acusado a los militares de genocidio y crímenes contra la humanidad, en lo que constituye el señalamiento internacional más grave que enfrentan los uniformados del país asiático desde los sucesos acaecidos el verano pasado.

Según la indagatoria de los expertos, las fuerzas armadas birmanas fueron responsables de asesinatos y violaciones masivas de miembros de esa comunidad en su empeño por expulsarlos del país, en una acometida que el mismo secretario de Estados de EEUU, Mike Pompeo, describió este sábado como una "detestable depuración étnica".

La comisión de investigación había sido establecida por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en marzo de 2018 y sus tres integrantes concluyeron que la razzia que llevaron a cabo los uniformados, apoyados por grupos paramilitares budistas, "equivale sin duda a los crímenes más graves del derecho internacional".

La ONU no recurría al argumento de una posible inculpación por genocidio desde la guerra de Bosnia, el que se registró en Ruanda en 1994 o los crímenes cometidos en Sudán.

El documento solicita que el máximo jefe de las fuerzas armadas, el todopoderoso general Min Aung Hlaing, y otros cinco generales sean investigados por el Tribunal Internacional de Justicia sito en La Haya.

"Las necesidades militares nunca podrían justificar el asesinato indiscriminado, las violaciones en grupo de mujeres, los ataques contra niños o el incendio de aldeas completas. Son tácticas totalmente desproporcionadas", se lee en el texto.

Esclavitud sexual

El relato de los investigadores asegura que en el estado de Rakhine, la región del oeste de Birmania de donde proceden los Rohingya, se registraron "indicios de exterminación y deportación" y otras muchas y graves violaciones de los derechos humanos como torturas o esclavitud sexual.

Según la estimación "conservadora" de esta comisión, en esta arremetida pudieron ser asesinadas más de 10.000 personas.

La principal dirigente política del país, la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, tampoco se libró de la denuncia del grupo de investigadores que dijo que "no había usado su posición de facto como jefe del gobierno, ni su autoridad moral para detener o prevenir" las terribles acciones que se registraron en Rakhine.

Los expertos también reclaman que el Consejo de Seguridad de la ONU "adopte sanciones individuales, incluida la prohibición de viajar y la congelación de activos" contra estos uniformados y un embargo de armas contra el país.

El Ejército birmano ya apadrinó su propia investigación sobre lo ocurrido pero desestimó todos estos cargos. La única decisión que adoptó en junio fue expulsar de las fuerzas armadas al oficial que comandaba esa región en aquellas fechas -incluido en la lista de 6 generales incriminados por el informa de la ONU- pero por su "débil" liderazgo y haber permitido que se organizara la guerrilla Rohingya.

La ofensiva militar que se registró a partir del 25 de agosto del año pasado forzó la huida de más de 700.000 Rohingya que un año después permanecen hacinados en precarios campos de refugiados de Bangladesh, en la zona de Cox's Bazar.

Birmania sigue sin aceptar el regreso de esos exiliados argumentado que la responsabilidad es de Bangladesh.

Las autoridades y los militares de Birmania siguen aferrados a la inacción y el rechazo de cualquier responsabilidad en lo acaecido, reforzando el acoso a los medios independientes que intentan esclarecer detalles sobre esas trágicas jornadas.

Horas antes de que se conocieran las averiguaciones del grupo de la ONU, un juez local aplazó hasta el 3 de septiembre el fallo contra dos periodistas birmanos de la agencia Reuters que descubrieron una matanza de rohingya, a los que se acusa de vulnerar la Ley de Secretos Oficiales, un delito que está penado con un máximo de 14 años de cárcel.

El caso ha sido denunciado por un amplio número de organizaciones internacionales que indican que se trata de un ejemplo manifiesto de represión del derecho a la información.

Wa Lone y Kyaw Soe Oo, que llevan ocho meses bajo arresto, aparecieron en la sala del tribunal esposados y vestidos con el tradicional "longyi".

"No tememos la decisión porque la verdad está de nuestra parte. No hicimos nada erróneo", aseguró el primero antes de ser enviado de nuevo a la prisión de Insein, un penal de triste recuerdo ya que fue el lugar de encarcelamiento de miles de prisioneros políticos durante la dictadura.

Artículo de Javier Espinosa visto en El mundo.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Ocho preguntas sobre la crisis de los rohingyas

Se cumple un año de los enfrentamientos que propiciaron el éxodo masivo de esta minoría étnica desde Myanmar hacia Bangladés, donde se ha instalado uno de los mayores campos de refugiados del planeta



Se cumple un año de la huida masiva de la minoría étnica rohingya de Myanmar (antigua Birmania), pero este pueblo lleva décadas siendo perseguido por un Estado que no los reconoce. Este es un repaso de todo lo que la mayoría de la opinión pública ha conocido en estos 12 meses de una población sin patria obligada a escapar ante lo que muchos definen como "limpieza étnica".

¿Quiénes son?

Tal y como explica el experto en migraciones Abdel Belattar: "Los rohingya son una comunidad musulmana que residía en Birmania (hoy Myanmar) desde el siglo VIII y que fue ampliándose en número por su importación como mano de obra a manos del Imperio británico. Además de la religión, se caracterizan por hablar el rohingya, una mezcla de árabe, urdu y birmano. Ellos se consideran indígenas de Birmania, mientras que el Gobierno los ve como extranjeros invasores". Una ley gubernamental del 1982 eliminó prácticamente toda posibilidad de que algún día fueran reconocidos como ciudadanos.

¿Cuántos son?

Las organizaciones internacionales cifran en torno a un millón el número de habitantes de los diferentes asentamientos en Bangladés. En cuanto a los que permanecen en Myanmar, no hay cifras exactas. En este reportaje de diciembre, la coordinadora de emergencias de Médicos sin Fronteras señaló que aún quedaban 150.000 en el país birmano, pero los desplazamientos no han dejado de aumentar en todo este tiempo. Estas imágenes satélite recopiladas por Human Rights Watch mostraban centenares de aldeas rohingyas borradas del mapa por las máquinas demoledoras del Gobierno.

¿Cómo comenzó la última crisis?

Hace aproximadamente un año se recrudeció el conflicto entre el estado birmano y esta minoría, cuando el Gobierno acusó a combatientes de esta etnia de atacar varios puestos de policía. La reacción posterior de las fuerzas de seguridad dejó cien muertos en pocos días. Esto sucedió en el Estado de Rajine, que limita con Bangladés, en el que habitaban en ese momento alrededor de un millón de rohingyas. Fue entonces cuando comenzó el mayor éxodo de este pueblo para llegar hasta el país vecino, un Estado que tampoco les reconoce, pero que hasta la fecha les ha dejado instalarse en lo que se ha convertido en uno de los mayores campos de refugiados del mundo. Los asentamientos se ubican en el área de una típica ciudad vacacional, Cox's Bazar.

¿Cuál es la posición internacional?

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Hussein, definió la tragedia como un ejemplo de libro de limpieza étnica, mientras que el secretario general, António Guterres, bordeó esa terminología. Estados Unidos no dudó en utilizar esa calificación a finales del año pasado. Un ministro de Bangladés, el principal país de acogida, definió al Gobierno birmano como "malvado". Todas las organizaciones humanitarias han alertado a la opinión pública sobre la necesidad de actuar contra esta catástrofe, como Amnistía Internacional, Unicef y Save the Children.

Tras un polémico viaje del Papa a Myanmar en el que evitó pronunciar el nombre de esta etnia, pocos días después el representante de la iglesia católica se reunió con un grupo de refugiados y pidió perdón” por la indiferencia y odio del mundo. “La presencia de Dios hoy también se llama rohingya”, aseveró.

¿Cuál es el papel de Aung San Suu Kyi?

Aung San Suu Kyi fue una activista por los derechos humanos y premio Nobel perseguida durante casi tres décadas en su país, donde llegó a estar encarcelada. En 2015, los militares permitieron las primeras elecciones semilibres de Myanmar y su partido arrasó. Desde entonces ocupa un puesto equivalente a jefa de Gobierno, pero los militares "se reservaron los tres ministerios encargados de la seguridad, el 25% de los escaños en el Parlamento y el derecho a veto de cualquier cambio constitucional", tal y como recoge esta información de Macarena Vidal Liy. Los defensores de Aung San Suu Kyi insisten en que no tiene poder para frenar la situación. Ella declaró este martes en una conferencia en Singapur, según recogió Reuters, que "el peligro de las actividades terroristas, que fue la causa inicial de los acontecimientos que llevaron a la crisis humanitaria en Rajine sigue siendo real y presente hoy en día".

¿Y el de Facebook?

Al igual que las radios tuvieron un papel fundamental en el genocidio de Ruanda por su poder para expandir el mensaje de odio, esta red social se convirtió en el perfecto altavoz para lo mismo en Myanmar. "En abril, la compañía norteamericana admitió su responsabilidad en la difusión de mensajes de odio contra la minoría rohingya y pidió disculpas a seis organizaciones de la sociedad civil que advertían que las herramientas puestas en marcha por la empresa para evitar la difusión de este tipo de mensajes no eran suficientes", recoge esta información de EFE.

¿A qué problemas de enfrenta este pueblo?

A los derivados del hacinamiento, la falta de recursos y la débil posición de la comunidad internacional. Las condiciones en los asentimientos informales hacen que aumente el riesgo de brotes de enfermedades. El fondo de Naciones Unidas para la infancia (Unicef) calcula que cada día se necesitan más de 16 millones de litros de agua limpia y se deben construir o mantener 50.000 letrinas para mejorar el saneamiento.

Además, tal y como denunciaba Unicef en un informe publicado este jueves, más de medio millón de niños refugiados rohingya en el sur de Bangladés no tiene acceso a una educación adecuada. La organización también informó en mayo de que cada día nacen 60 bebés en alguno de sus campamentos. La malnutrición es endémica y la incidencia de la violencia de género es alta. Un estudio publicado este viernes por Plan Internacional destaca que solo el 28% de las niñas van a la escuela ya que la gran mayoría permanece aislada en casa por "ideas preconcebidas sobre los roles de género". Más de 75% aseguró que no tiene el control sobre sus decisiones vitales.

Todo esto ha empeorado con la llegada del temido monzón, le temporada de lluvias torrenciales. Esto ha puesto en peligro a 200.000 personas que vivían en los terrenos más inestables y las organizaciones tratan de evacuarles a zonas más seguras, según notificaba hace unas semanas Save the Children.

¿En qué punto está la situación?

Ha habido varios intentos para repatriar a los refugiados. A principios de verano, Myanmar y la ONU anunciaron un acuerdo para comenzar el retorno. Sin embargo, el presidente de Cruz Roja, Peter Maurer, aseveró hace algo más de un mes que el país no está preparado para el retorno de los refugiados y estos mismos han expresado su preocupación de volver a un territorio del que huyeron por temor a morir.

Mientras, el centenar de entidades internacionales que trabajan sobre el terreno tratan de mejorar al máximo el estado del asentamiento de Bangladés. Acnur y sus socios lanzaron en marzo el Plan de Respuesta Conjunta para la Crisis Humanitaria Rohingya, que buscaba recaudar más de 950 millones de dólares en 2018, de los que solo se ha logrado un 33% hasta la fecha, informa en un comunicado World Vision.

Artículo de Patricia Peiró en la sección Planeta Futuro, de El país.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Video captado desde un drone muestra la magnitud del éxodo rohingya

miércoles, 18 de octubre de 2017

Miles de musulmanes rohingya siguen huyendo de la violencia y la persecución a gran escala en Birmania cruzando a Bangladesh, donde más de medio millón de personas ya viven en campamentos sórdidos y superpoblados para escapar de la violencia a gran escala. 


Visto en The telegraph vía Meneame.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

HRW identifica 430 edificios destruidos por la violencia sectaria en Birmania

domingo, 13 de noviembre de 2016

HRW identifica 430 edificios destruidos por la violencia sectaria en BirmaniaLa ONG Human Rights Watch (HRW) ha identificado 430 edificios destruidos por la violencia sectaria contra la minoría musulmana rohingya en el oeste de Birmania (Myanmar), según imágenes de satélite de alta resolución.

"Las nuevas imágenes de satélite no sólo confirman la amplia destrucción de aldeas rohingya sino que es aún mayor de lo que pensábamos", afirmó hoy Brad Adams, director de HRW para Asia, en un comunicado.

"Las autoridades birmanas deberían establecer una investigación asistida por la ONU como un primer paso para garantizar la justicia y seguridad para las víctimas", reiteró Adams.

Los edificios destruidos, en su mayoría viviendas destruidas en incendios provocados, se encuentran en el distrito de Maungdaw, en el estado Rakhine, según las imágenes de satélite recogidas entre el 22 de octubre y el 10 de noviembre.

El Ejército birmano declaró como "zona de operaciones" el norte del Rakhine, en la frontera con Bangladesh y donde vive el grueso de esta minoría musulmana, tras el ataque de un grupo armado contra tres puestos de la policía fronteriza el pasado 9 de octubre.

El asalto y posteriores disturbios causaron al menos 40 muertos entre policías, militares, asaltantes y vecinos, y llevó al despliegue del Ejército al que activistas locales acusan de cometer ejecuciones, violaciones y saqueos contra la población rohingya.

La líder de facto y nobel de la paz birmana, Aung San Suu Kyi, ha sido acusada por no interceder en favor de los rohingya, una perseguida minoría étnica a la que las autoridades birmanas no reconocen la ciudadanía.

Visto en El diario.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Birmania inicia un histórico proceso de paz tras medio siglo de enfrentamientos

miércoles, 31 de agosto de 2016

La gobernante de facto de la nueva Birmania
democrática, Aung San Suu Kyi, y el
secretario general de la ONU, Ban Ki-moon
Aung San Suu Kyi, ganadora de las históricas elecciones de noviembre y actual consejera de Estado y ministra de Exteriores, se dispone a emplear todos los recursos a su alcance para cumplir una de sus principales promesas electorales, seguramente la más ambiciosa: promover la pacificación de Birmania, donde la lucha armada de una veintena de guerrillas enfrenta a las comunidades con el Gobierno central.

Este miércoles, 1.800 delegados en representación de grupos insurgentes, Gobierno, partidos políticos, instituciones internacionales y observadores participarán en el proceso Panglong Siglo XXI en la capital, Naypyitaw, una cita que contará con la asistencia del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon y pretende iniciar conversaciones con los grupos armados de las minorías chin, kachin, karen, kayah, mon, rakáin o shan.

La reivindicación común de las minorías, 135 comunidades que representan a un tercio de la población birmana, es una mayor autonomía. El encuentro tiene fuertes reminiscencias históricas, dado que tendrá lugar casi 70 años después de que el general Aung San, héroe nacionalista birmano, ex primer ministro y padre de la Premio Nobel de la Paz, convocase en la ciudad de Panglong un proceso similar destinado a unificar al pueblo birmano tras la declaración de independencia de Gran Bretaña y a encontrar fórmulas para compartir el poder, que se materializarían en un proyecto federalista.

El asesinato de Aung San seis meses antes abortó la aplicación del plan y el país cayó, poco después, en décadas de dictadura militar. Su hija ambiciona terminar la labor que su padre nunca pudo finalizar, pasando a la Historia por la pacificación y la unificación del turbulento país, como dejó patente durante su reciente visita a China. "Sin paz, no puede haber desarrollo sostenible", dijo.

La visita de Aung San Suu Kyi a China, hace algunas semanas, fue definitiva para garantizar el éxito de la convocatoria. El presidente Xi Jinping respaldó abiertamente una iniciativa de paz en la que Pekín ha invertido mucho capital político tras décadas de instrumentalización de los grupos armados presentes en el norte de Birmania, cerca de su frontera: dos días después de la cumbre bilateral Xi-Aung, el enviado especial chino Sun Guoxiang viajó a la localidad fronteriza de Lan Chan para encontrarse con representantes del Ejército Unido del Estado Wa (UWSA, por sus siglas en inglés) y del Ejército Democrático de la Alianza Nacional (Mong La, NDAA). Se trataría de su segunda cumbre este verano con dichas facciones: Guoxiang ya participó en junio en un encuentro celebrado en el estado de Shan con los líderes de las citadas organizaciones y también con responsables del Ejército de Liberación Nacional de Ta'an, a quienes instó a participar en el proceso de paz.

La semana pasada, el Consejo Federal de Nacionalidades Unidas, que aglutina a 11 grupos armados -entre ellos la Organización para la Independencia Kachin, con 10.000 combatientes- se comprometió desde Tailandia a participar en el encuentro . También el Ejército Unido del Estado Wa, con 30.000 hombres armados, confirmó su asistencia. Sin embargo, el Ejército birmano -que controla el Ministerio de Defensa y de Interior- ha vetado la participación de tres importantes grupos, el Ejército para la Alianza Democrática Nacional de Birmania (MNDAA), el Ejército de Liberación Nacional Ta'ang (TNLA) y el Ejército de Arakan, que combaten de forma conjunta en el estado de Shan, instándoles a que se comprometan a desarmarse antes de comenzar el diálogo, una idea aceptada por las facciones pero con matices que les han llevado, finalmente, a no suscribir el compromiso.

Muchos observadores consideran que sólo un cese de fuego unilateral por parte del Gobierno facilitaría el consenso de todos los grupos y recuerdan que el Ejército ya negoció una tregua con ocho grupos que perdura hasta ahora. "Nos gustaría acudir a la conferencia, pero el Gobierno no nos ha invitado", se lamenta en declaraciones al Irrawady el teniente coronel del TNLA Tar Phone Kyaw.

El papel de China es determinante pero no implica resultados, como confirmaba la analista del Centro Henry L. Stimson Yun Sun, experta en política exterior china, en declaraciones a Frontier Myanmar. "China puede convencer a UWSA y NDAA de sumarse a la conferencia de paz, pero no puede forzarles a firmar nada que no quieran". Guoxiang ya participó en la conferencia de grupos armados no estatales celebrada el pasado julio, a la que no asistió el UWSA: a raíz de su mediación, el liderazgo del grupo accedió a entrevistarse con el NDAA y con Aung San Suu Kyi en Naypyitwa. Tanto el UWSA como el NDAA se formaron tras la disolución del Partido Comunista de Birmania, en 1989, y ambos confirmaron el alto el fuego bilateral acordado con el Gobierno de Thein Sein en 2011, pero rechazaron participar en conversaciones similares en octubre de 2015. Su participación en la Conferencia Panglong es considerada un voto de confianza para Aung San Suu Kyi.

Retos pendientes
Para las comunidades, los retos son numerosos: las disputas sobre la repartición de recursos naturales son una fuente de tensiones, dado que son varias las minorías que viven en áreas ricas en jade, oro o estaño. Por otro lado, los grupos shan se oponen a un proyecto de presa hidroeléctrica china en el río Salwin, mientras que los kachin se oponen a otra presa china, un proyecto de 3.600 millones de dólares suspendido por el Gobierno anterior.

La relatora especial de la ONU para Birmania, la surcoreana Yanguee Lee, ha incidido en un informe a la organización en que los Derechos Humanos deben ser una prioridad en el encuentro, así como la inclusión de todas las comunidades. "Discriminación, derechos de tierra, la distribución equitativa de los recursos naturales están en el corazón del conflicto en Birmania, y por lo tanto también deben estar en el centro de las discusiones y soluciones de paz", afirmó.

"Sólo abordando y dando prioridad a estos temas se puede lograr la paz duradera deseada por el pueblo birmano", añadió Lee, quien destacó el escaso número de mujeres y la marginación de las ONG en el proceso como dos de los principales escollos a superar. "Birmania tiene ahora la oportunidad de transformar el país en el estado que el pueblo birmano ha querido desde hace décadas. Pero para hacerlo, debe ser de forma totalmente inclusiva", aseguró. "Es un momento histórico, el primer ladrillo de la pavimentación de un camino muy largo. Hay muchísimo que discutir y negociar tras la Conferencia Panglong Siglo XXI".

Nadie espera resultados inmediatos. Incluso la dirigente birmana ha adelantado que se convocarán rondas de conversaciones cada seis meses para asentar un proceso que no arrojará soluciones mágicas pero que sí resulta un punto de partida básico para la paz. "Birmania ha dado un paso hacia la dirección correcta: el federalismo. Ha sido el resultado del compromiso mutuo de Gobierno y grupos étnicos armados, parte del Acuerdo de Alto el Fuego nacional del pasado octubre. La forma de federalismo que deberá adoptarse, y el proceso mismo para establecerlo, presenta una agenda para el diálogo político entre el Gobierno, los militares, los grupos armados y los partidos, y será una parte crucial de la paz y el proceso de reconciliación nacional", escribía el diario birmano The Irrawady en un artículo titulado Paz y reconciliación requieren nuevas maneras de mirar atrás.

Se estima que desde la independencia, en 1948, los combates entre comunidades étnicas se han cobrado 130.000 vidas ralentizando el desarrollo y la economía del que fuera, hace décadas, uno de los países más ricos de Asia.

Discriminación rohingya
Hay escollos que cuestionan el proceso, como la marginación en las conversaciones de la minoría rohingya, perseguida, discriminada y sometida por el Gobierno central. En ese contexto, Panglong Siglo XXI también incluirá una conferencia interreligiosa, promovida por Ban Ki-moon, a la que asistirán líderes de las principales comunidades: budistas, cristianos, musulmanes, hindúes, bahaíes y judíos. La minoría rohingya -musulmana, ferozmente discriminada desde el Gobierno central- no ha sido invitada dado que las autoridades no la consideran birmana, sino inmigración bengalí, justificando así haberle arrebatado todo derecho básico.

Algunos observadores consideran que Aung San Suu Kyi pretende, con este el proceso de paz, cumplir el objetivo máximo de su partido, en cuya fundación se estableció que "los 40 años de historia de relaciones étnicas han sido un capítulo desafortunado que ha rozado la tragedia". "El desarrollo del país ha sufrido enormemente dado que el 40% del presupuesto nacional ha sido destinado a Defensa, y por estas razones debemos buscar una solución duradera a los problemas de las minorías étnicas. Es el objetivo de la Liga (Nacional para la Democracia) asegurar el más alto nivel de autonomía en consonancia con los derechos inherentes a las minorías y al bienestar del conjunto de la nación".

Otro objetivo parece ser granjearse las simpatías internacionales y demostrar su compromiso con la paz respondiendo así a las críticas por su posición hacia la minoría rohingya, a la que niega sus derechos, antes de su viaje a Estados Unidos en septiembre. En este contexto podría inscribirse la creación de una comisión internacional para abordar la violencia en el estado de Rakhine, donde los rohingya son mayoría, que será presidido por el ex secretario general de la ONU Kofi Annan -según la prensa birmana, su elección es una forma de responder a la presión internacional- y tiene como misión elaborar recomendaciones para prevenir el conflicto y promover la reconciliación, abordando entre otros temas las cuestiones humanitarias, las garantías para aplicar derechos básicos y la promoción del desarrollo.

Amnistía Internacional ya ha revelado sus dudas sobre la eficacia de la comisión, que estará formada por tres extranjeros y seis expertos birmanos independientes. "Deberá investigar décadas de discriminación, depurar responsabilidades, recomendar indemnizaciones y liderar la reconciliación", adelanta el grupo. Se estima que 125.000 rohingya han sido forzados por el Gobierno central a vivir en guetos insalubres sin acceso a la educación o a la salud y sin derechos tan básicos como el de libre movimiento.

Visto en El Mundo.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

La inmensa decepción de Aung San Suu Kyi

lunes, 16 de mayo de 2016

Suu KyiHay pocas decepciones mayores en los últimos años que Aung San Suu Kyi. Pasó 15 años en arresto domiciliario, internada por la dictadura militar de Birmania que había impedido que su partido obtuviera el poder obtenido en las urnas. En 1991, recibió el Premio Nobel de la Paz. Ahora dirige el Gobierno y en la primera crisis importante se ha alineado con el nacionalismo birmano más excluyente, el mismo que profesaban los militares que la mantenían encerrada, contra una minoría que profesa otra religión. Ya antes se había encerrado en el silencio o en la equidistancia para hablar de ese problema. Era una forma de congraciarse con los sectores más nacionalistas para no perjudicar sus opciones de llegar al poder.

Suu Kyi niega a la minoría musulmana rohingya incluso el derecho a usar ese nombre porque no los considera auténticos birmanos. Ha llegado a pedir al embajador de EEUU que no use ese término.


“No hay duda de que el Estado de Rajine, uno de los (estados) más pobres de Myanmar, es un complejo polvorín de resentimientos sectarios que exige las políticas más cautelosas. Pero eso simplemente no puede basarse en la perpetuación de la persecución sistemática y marginación de los rohingya en la vida política y social de Myanmar. Desde luego que no puede basarse en negar incluso el nombre a los rohingya.
En última instancia, no importa la razón por la que Aung San Suu Kyi no quiere que los norteamericanos utilicen la palabra rohingya. Lo que importa es que una mujer cuyo nombre ha sido sinónimo de derechos humanos durante una generación, una mujer que demostró un valor inquebrantable ante el despotismo, ha continuado con la política completamente inaceptable de los gobernantes militares a los que ella sucedió en el poder”.

Del informe de Amnistía Internacional sobre la situación de la minoría rohingya en 2015 y 2016:

La situación de la minoría rohingya siguió deteriorándose. La mayor parte de sus integrantes seguían privados de sus derechos como ciudadanos en virtud de la Ley de Ciudadanía de 1982, su derecho a la libertad de circulación continuaba gravemente restringido, tenían acceso limitado a cuidados de salud de importancia vital y se les negaban el derecho a la educación y la igualdad de oportunidades laborales. Se recibieron constantes informes sobre detenciones arbitrarias, tortura y otros malos tratos de rohingyas detenidos, así como de muertes bajo custodia a manos de las fuerzas de seguridad. Los observadores internacionales siguieron teniendo un acceso extremadamente limitado al estado de Rajine.
En febrero, el presidente anunció la revocación de todas las Tarjetas de Registro Provisional —también conocidas como “tarjetas blancas”—, con lo que numerosos rohingyas quedaron sin ningún documento de identidad. Esta medida impidió, de hecho, votar en las elecciones de noviembre a la población rohingya y a los demás titulares de la tarjeta. La exclusión de los rohingyas se acentuó aún más con la inhabilitación de casi todos los candidatos rohingya que solicitaron presentarse a las elecciones. También fueron inhabilitados muchos otros musulmanes por razones discriminatorias.
El deterioro de su situación impulsó cada vez a más rohingyas a abandonar Myanmar. Según el ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, se calculaba que durante el año 33.000 personas —tanto rohingyas como ciudadanos bangladeshíes— habían salido en barco desde la Bahía de Bengala. En mayo, al tomar la vecina Tailandia enérgicas medidas contra la trata, miles de personas —muchas de ellas rohingyas que huían de Myanmar— quedaron abandonadas a su suerte en el mar, en embarcaciones masificadas controladas por traficantes. Muchas de estas personas fueron golpeadas y tomadas como rehenes”.
Visto en Guerra Eterna, vía Meneame (dadle un meneo, por favor).

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Las elecciones del ‘cambio’ llegan a Birmania

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un simpatizante de Aung San Suu Kyi
durante una celebración de la
Liga Nacional para la Democracia
(LND) en Yangón.
¿Qué se juega el país en los históricos comicios del 8 de noviembre?

Un día de finales de marzo de 2013 se produjo una situación sin precedentes en la historia reciente de Birmania. Los campesinos de varios pueblos de la División de Sagaing, en el centro del país, increparon y gritaron a Aung San Suu Kyi, la indiscutible líder del movimiento birmano por la democracia y premio Nobel de la Paz, sin que el Gobierno hubiera pagado a nadie para hacerlo.

La Dama, como se conoce popularmente a Suu Kyi en el país, había acudido a la zona para presentar un informe elaborado por una comisión gubernamental sobre el impacto de una gigantesca mina de cobre explotada conjuntamente por un conglomerado del Ejército birmano y una empresa china. Numerosos agricultores han sido expulsados de sus tierras en los últimos años para dejar paso a la mina y el impacto medioambiental y en la salud de la población local resulta devastador. En noviembre de 2012, el Gobierno reprimió brutalmente unas protestas contra la ampliación de la mina, empleando fósforo blanco contra manifestantes desarmados.

Los habitantes de la zona se llevaron una amarga decepción cuando descubrieron que Suu Kyi apoyaba el proyecto de ampliación. Cuando viajé a la zona hace dos años, todos los agricultores con los que hablé expresaron un profundo desengaño y muchos afirmaron sentirse traicionados por ella.

Sin embargo, en un viaje reciente a los mismos pueblos, puede comprobar que Suu Kyi es allí ahora tan popular como en cualquier otra zona del centro de Birmania. El domingo se celebran unas históricas elecciones en el país, cuatro años después de que el Gobierno militar que había gobernado con mano de hierro durante cinco décadas decidiera emprender una incierta transición a una “democracia disciplinada” y antiguos generales como el actual presidente, Thein Sein, asumieran el poder con ropajes civiles en lugar de uniformes militares.

En Letpadaung, muchos habitantes parecen tener claro a quién quieren votar, a pesar de sentirse abandonados por Suu Kyi hace dos años. Ma Nyo Lay, una agricultora de 43 años a la que el Gobierno expropió las tierras hace cinco años, expresó su deseo de votar al partido de la Dama, la Liga Nacional para la Democracia (LND), “para eliminar la dictadura”.

Confío en Aung San Suu Kyi porque ha hecho sacrificios por el país y es la hija de Aung San,” decía Ma Me Tu, una agricultura de 42 años y madre de tres hijos que ahora vive de la lana que producen sus ovejas.

Las políticas de una LND en el Gobierno son una incógnita y el partido apenas tiene un programa electoral digno de ese nombre, pero, como indican las palabras de Ma Nyo Lay y Ma Me Tu, el apoyo de los partidarios de Aung San Suu Kyi parece basarse en el odio a una dictadura que ha saqueado y oprimido a la población durante decenios, en que es la hija del mítico Aung San, el padre de la independencia de Birmania, asesinado cuando ella tenía dos años y medio de edad, y en que ha sacrificado su vida personal por el país desde 1988, pasando 14 de los siguientes años bajo arresto domiciliario.

Obstáculos para la Liga Nacional para la Democracia
El apoyo popular a la LND entre la mayoría de etnia bamar (aproximadamente un 60% de la población) es evidente, pero el partido ha elegido jugar según unas reglas del juego claramente diseñadas en su contra.

La Constitución aprobada en 2008 está diseñada para asegurar que los militares mantengan una considerable influencia en el Gobierno, gane quien gane las elecciones: un 25% de los escaños del Parlamento está ocupados por miembros del Tatmadaw (el Ejército birmano) y ministros clave como el del Interior o de Defensa han de ser nombrados por el Jefe de las Fuerzas Armadas.

Además, la propia Suu Kyi nunca podría ser la presidenta del país según la actual Constitución, ya que una clausula estipula que el jefe de Estado no puede tener ningún familiar cercano de nacionalidad extranjera (los dos hijos de Suu Kyi son británicos). Para la Dama eso no parece suponer un gran obstáculo: “Si la LND gana las elecciones y formamos el Gobierno, yo seré la líder de ese Gobierno tanto si soy la presidenta como si no lo soy”, declaró recientemente en una entrevista con un canal de televisión indio.

En todo caso, cambiar la Constitución supone una tarea casi imposible sin el beneplácito de los generales. Para introducir cualquier enmienda importante es necesario contar con, al menos, tres cuartas partes de los votos en el Parlamento y que ésta sea aprobada en un referéndum popular.

La reciente purga del Shwe Mann, presidente del Parlamento y secretario general del Partido para la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (PUSD), la formación gobernante fundada por los miembros de la antigua Junta militar en el poder, ha puesto de manifiesto lo peligroso que puede ser acercarse demasiado a la Dama. Shwe Mann era un hombre del régimen que, no obstante, estaba negociando con Suu Kyi y la apoyó en una reciente tentativa fallida de cambiar la Constitución. No obstante, el antiguo líder del partido del régimen se ha embarcado en la campaña electoral y su facción dentro de la formación gobernante podría ser clave a la hora de formar un gobierno tras los comicios.

Quizá sea esa estructura de poder tan adversa y la desconfianza de los generales lo que haya hecho que, en los últimos años, Suu Kyi se haya preocupado más por ganarse la confianza de los generales y de convencerles de que un Gobierno suyo no supone una amenaza para ellos que de reforzar un apoyo popular que parece dar por sentado. El resultado ha sido una oposición política prácticamente inexistente que no ha logrado su propósito de convencer a los generales de cambiar la Constitución, pero cuya popularidad no ha disminuido significativamente, a juzgar por el número de retratos de la Dama y banderas de la LND que pueden verse en grandes ciudades como Rangún o Mandalay.

El objetivo a corto y medio plazo de la LND es claro. “Ahora estamos totalmente concentrados en ganar, cuando lleguemos al Gobierno introduciremos los cambios que sean necesarios”, decía Myo Yan Naung Thein, secretario del Comité Central de Investigación y Estudios Estratégicos de la LND.

Los partidos de las minorías podrían tener la llave
La popularidad de Aung San Suu Kyi entre la mayoría bamar del centro de Birmania es indudable, pero raramente se extiende a los miembros de las numerosas minorías étnicas que pueblan las zonas periféricas. Algunas de ellas, como los Karen, los Kachín o los Shan, llevan décadas luchando por la autonomía dentro de un Estado federal contra un Gobierno fuertemente centralizado y ven con desconfianza a cualquier político bamar.

El Gobierno de Thein Sein y del PUSD se ha apresurado a firmar un alto el fuego con algunos de esos grupos armados antes de las elecciones para reforzar su imagen reformista, pero solo siete de los quince grupos armados con los que está dispuesto a negociar el Gobierno y el complicado diálogo político entre todas las partes implicadas ni siquiera ha empezado.

Mientras tanto, los enfrentamientos armados entre grupos como el Ejército para la Independencia Kachín y las Fuerzas Armadas birmanas continúan y la Comisión Electoral ha decidido posponer las elecciones en más de 400 pueblos afectados por las hostilidades, además de otros 41 que sufrieron inundaciones recientemente.

En regiones pobladas por minorías étnicas, los partidos de estas comunidades cuentan con un apoyo mayor que la LND y podrían ser decisivas a la hora de elegir al próximo presidente del país en el Parlamento. Algunos representantes de esas formaciones se han quejado de que el partido de Suu Kyi no ha cumplido sus promesas de no presentar candidatos contra ellos y algunos, como el Partido Nacional Rakhine, podrían decantarse por apoyar al PUSD en el Parlamento.

El auge del extremismo budista
Durante los últimos cuatro años se ha visto en Birmania el auge de un fuerte movimiento ultranacionalista que emplea el budismo como signo de identidad nacional frente a la supuesta amenaza de los musulmanes, que forman aproximadamente un 5% de la población del país. Influyentes monjes como Ashin Wirathu, el autodenominado “Bin Laden birmano”, ha prendido la llama de la violencia sectaria con sus incendiarios sermones antimusulmanes. La Asociación para la Protección de la Raza y la Religión (conocida por su acrónico birmano, Ma Ba Tha), de la que es miembro Wirathu, ha conseguido presionar para que se aprueben leyes que obstaculizan los matrimonios interreligiosos y tienen una enorme influencia en el electorado.

El PUSD ha apoyado esas leyes y emplea una retórica similar a la de Ma Ba Tha. Mientras tanto, la LND ha decidido no presentar un solo candidato musulmán a los comicios en un intento de apaciguar a la Ma Ba Tha. Sin embargo, se suceden las acusaciones por parte de monjes radicales de que la LND es un partido controlado por los musulmanes y muchos de ellos, incluido Wirathu, han apoyado públicamente al PUSD, aduciendo que es el único capaz de defender la religión budista y la raza birmana.

Mientras la población musulmana de todo el país se queda sin representación parlamentaria, en torno a un millón de musulmanes rohingya del Estado de Arakan ni siquiera tendrán la posibilidad de votar. Considerados inmigrantes ilegales procedentes de Bangladesh por el Gobierno y una inmensa mayoría de la población birmana, pese a que una gran parte de ellos ha vivido en Arakan durante siglos, los rohingya no tienen ciudanía y llevan años siendo víctimas de una campaña de limpieza étnica.

La Dama ha sido muy criticada por no defender a los rohingya y sus declaraciones al respecto han sido siempre tibias. Aunque Suu Kyi siempre se ha mostrado ambigua sobre esta minoría, otros influyentes miembros de su partido han expresado más claramente sus ideas. En un reciente viaje a la capital del Estado de Arakan, Sittwe, el presidente honorario de la LND, U Tin Oo, un antiguo general del Ejército, recordó a los arakaneses budistas que él ayudó “a expulsar a los paquistaníes orientales” de Arakan y les prometió que defendería sus intereses y su integridad territorial.

De cara a los próximos comicios, la popularidad de la LND se basa casi exclusivamente en el carisma de la Dama y sigue siendo una incógnita cómo funcionaría su Gobierno o, tan siquiera, como podría formarlo. Se acercan meses de complicadas negociaciones para formar un nuevo Ejecutivo y el resultado es totalmente imprevisible. Pero una cosa parece clara, en lo que respecta a definir quiénes son los birmanos, la LND y el PUSD parecen estar fundamentalmente de acuerdo. Como me dijo hace tres años Myo Yan Naung Thein, uno de los estrategas del partido, “el Ejército, Aung San Suu Kyi, los estudiantes de la generación del 88, todos nosotros compartimos una misma opinión sobre la identidad nacional”.

Artículo de Carlos Sardiña en EsGloblal.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Human Rights Watch cuestiona la validez de los comicios en Birmania

Un miembro de la Comisión Electoral escribe en una
papeleta de votación en una jornada de voto anticipado
en un colegio electoral de Mandalay
La ONG Human Rights Watch (HRW) ha cuestionado este miércoles la credibilidad de las cruciales elecciones legislativas que se celebrarán en Birmania este domingo, al advertir que distarán mucho de ser "libres y justas" y "no permitirán que los birmanos elijan libremente su Gobierno".

La agrupación se suma a los muchos observadores que han criticado lo que HRW califica de "problemas sistemáticos y estructurales" de todo el proceso electoral, entre los que incluye a la propia comisión que los organiza, dirigida por un ex general cuya independencia quedó en cuestión cuando se pronunció públicamente por la victoria del gubernamental Partido de la Unión, Solidaridad y Desarrollo (USDP) del presidente Thein Sein; la asignación previa de un 25% de los parlamentarios a los ex militares golpistas, o la privación del derecho a voto de forma "masiva" en algunas partes del país.

Los presentes sufragios son los primeros que se realizan en un entorno parcialmente democrático desde 1990, cuando el ejército anuló la victoria arrolladora de la Liga Nacional Democrática (LND) de Aung San Suu Kyi.

La misma Premio Nobel ha criticado las numerosas irregularidades cometidas por los ex uniformados y, en su último acto electoral en Rangún, el pasado domingo, pidió a sus acólitos "estar vigilantes" ante un posible fraude como el que se achacó a la Junta golpista en las votaciones de 2010.

Suu Kyi también se permitió el sarcasmo al referirse a otro de los comportamientos que ha denunciado: la compra de votos.

"No estoy preocupada por los incentivos. La gente puede utilizar la cabeza. Agarrar lo que os den y votar por nosotros en cualquier caso", dijo entre los aplausos de miles de simpatizantes.

La prensa local birmana aseguró que este lunes los miles de asistentes que se personaron en otro acto electoral del USDP en el estado de Arakán, al oeste del país, recibieron gratificaciones en efectivo por su presencia en dicha cita.

Un representante de la agrupación de los antiguos uniformados confirmó tal extremo, pero matizó que era dinero para comprar "su almuerzo".

El acto provocó un ingente frenesís en las redes sociales tras conocerse que los organizadores recurrieron a media docena de modelos embutidas en trajes tan sexys como provocativos para una región especialmente conservadora como es Arakán.

Ejército, raza y religión
El jefe del Estado, el ex general Thein Sein, advirtió hace días que la victoria de la Liga Nacional Democrática podría llevar al país "al comunismo".

Más tarde, intentando apelar al miedo del electorado, su oficina difundió un vídeo en Facebook en el que se recuperaban las imágenes de la violencia que ha sucedido a la Primavera Árabe y su portavoz, Zaw Htay, dijo que el cambio en Birmania debe ser "paso a paso" para que "las transformaciones democráticas" no vayan acompañadas, como "en otros países", de "ríos de sangre".

El estamento militar y sus antiguos compañeros han recurrido a la dialéctica más nacionalista y radical para intentar frenar la popularidad de Suu Kyi, movilizando a una parte del clero y agitando los sentimientos anti musulmanes.

El mismo jefe del ejército, el general Min Aung Hlaing, no escondió este martes sus preferencias electorales al instruir a sus subalternos cómo votar en esta jornada dominical, la cuarta ocasión que lo hace en los últimos meses.

Para Hlaing, "el líder del país" tiene que ser alguien que "entienda al ejército", que defienda "la raza y la religión" -un nuevo guiño a los monjes extremistas que apoyan a Thein Sein- y sobre todo que no "esté asociado, o bajo la influencia de extranjeros", clara referencia a Suu Kyi, viuda de un británico y que precisamente por esta circunstancia no puede optar a la presidencia.

Visto en El mundo.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar

Aung San Suu Kyi no quiere musulmanes en sus listas electorales

martes, 8 de septiembre de 2015

  • El partido de la Premio Nobel margina una comunidad que equivale al 5% de la población
  • El objetivo de la medida es evitar las críticas del sector radical budista
  • La ambición de Suu Kyi le ha costado la estima de defensores de los Derechos Humanos
La Premio Nobel de la Paz, Aun San Suu Kyi,
durante un evento en la localidad de
Hsiseng, en Birmania
Se invirtieron muchos fondos y mucha esperanza para que las elecciones generales que celebrará dentro de dos meses Birmania fueran las más libres de su Historia reciente. El leve aperturismo promovido por la Junta militar que gobernó el país durante medio siglo y la participación, en libertad, de la laureada Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, hacían confiar en que los comicios trazaran una nueva dirección en el país asiático.

Sin embargo, a falta de horas para que se inaugure oficialmente la campaña electoral que comienza hoy, martes, y tras las denuncias de numerosas irregularidades -en el censo figuran ciudadanos fallecidos y faltan los nombres de muchos birmanos vivos, entre otros puntos cuestionables- la lista autorizada de candidatos cae como un jarro de agua fría sobre el optimismo: ni uno sólo de los nombres es el de un candidato musulmán, marginando a una comunidad que equivale al 5% de la población.

Según la prensa local, de los 88 nombres impugnados por la Comisión Electoral un tercio corresponden a candidatos musulmanes, principalmente del Estado de Rakhine: la razón esgrimida es que los padres de los candidatos no eran ciudadanos birmanos en el momento del nacimiento del contendiente, algo desmentido por los afectados.

"Podemos mostrar los documentos que lo prueban si nos los piden, pero no los van a tomar en cuenta. Sentimos que nuestros derechos han sido violados bajo el llamado Gobierno democrático", lamentaba Zaw Min, presidente del Partido para la Paz y el Desarrollo Nacional, cuyos seis candidatos fueron excluidos de la carrera electoral.

Es sólo un ejemplo más de la discriminación de toda la comunidad en estas elecciones: cientos de miles de nombres de birmanos musulmanes han desaparecido de las listas electorales en el estado de Rakhine pese a que no tuvieron problema en participar en citas electorales anteriores.

El pasado febrero, una nueva ley autorizaba el voto a los Rohingya -perseguidos en Birmania, donde son vistos como ciudadanos de segunda categoría y tachados de inmigrantes bengalíes- siempre que dispusieran de las llamadas tarjetas blancas que les registraba ante las autoridades: el rechazo de los budistas a la medida fue tal que fue revocada por el Gobierno.

Lo más sorprendente es que la discriminación se extiende a las listas del principal partido opositor, la Liga Nacional para la Democracia de Aung Sa Suu Kyi, quien también optó por no incluir nombres de representantes islámicos. Un veterano de la Liga deploraba, en declaraciones a AFP, que "ni un sólo musulmán" figure entre los 1.000 candidatos presentada por la facción de la Premio Nobel.
El religioso Wirathu, autodenominado
el Bin Laden birmano, en Mandalay
"Debe tener miedo" a los monjes, explicaba en referencia al movimiento budista liderado por el religioso Wirathu, quien se autodenomina el Bin Laden birmano y promueve la islamofobia entre la sociedad mediante leyes como la presentada el pasado diciembre por su coalición Ma Ba Tha, apodada "ley de protección de la raza y la religión", que restringe los matrimonios interconfesionales, la conversión religiosa, la poligamia e incluso impone plazos para distanciar los partos, medidas destinadas a la comunidad musulmana.

Las leyes fueron aprobadas en el Parlamento, para desmayo de las ONG, y firmadas recientemente por el presidente Thein Sein. Wirathu amenaza con atacar a cualquier partido que ose intentar derogarlas en el Parlamento.

El conocido diputado opositor musulmán Ko Ni asegura que el liderazgo de la Liga ha excluido expresamente a sus candidatos musulmanes para aplacar los ánimos del sector budista más radical representado por Wirathu. "Una quincena de musulmanes se han postulado para ser candidatos pero el Comité Central no los ha elegido", afirmó el legislador al diario Irrawaddy. "Si la LND hubiese elegido a candidatos musulmanes, esos grupos habrían resaltado que la Liga es un partido musulmán".

Una estrategia para no perder votos

"La gente percibe todo esto como discriminación religiosa. Muchos musulmanes están diciendo que no votarán", añadía otra fuente de la misma formación, citada por la agencia francesa. Todo parece indicar que la exclusión de candidatos musulmanes en sus listas es una estrategia -como lo fue, en su día, negarse a condenar la persecución de la minoría Rohingya- para no perder votos a cuatro semanas de los comicios.

La coalición Ma Ba Tha y los monjes más radicales suelen caracterizar a Suu Kyi como "amiga de los musulmanes" con el objetivo de hacerle perder apoyo social. Los denostados esfuerzos de la LND para despojarse de esa imagen, a costa de ignorar los derechos básicos de la minoría musulmana -se calcula que supone un 5% de los 51 millones de habitantes- le está costando críticas de activistas y analistas. "El giro a la derecha está siendo preocupante", evaluaba el analista Khin Zaw Win, del think tank Instituto Tampadipa de Rangún. "Es un mal augurio para los musulmanes de este país", añadía.

Los comicios del 8 de noviembre serán las primeras elecciones generales que vive el país desde que la Junta renunciase a parte del poder en 2011 para designar un gobierno civil -fuertemente controlado por los uniformados- y la mejor oportunidad política para Suu Kyi. Hasta ahora, otras convocatorias electorales habían confirmado el apoyo social a La Dama -en 1990 la victoria de su formación fue abrumadora, logrando el 80% de los escaños: el régimen militar anuló los resultados- aunque la ambición política de Suu Kyi es tan desmedida que le ha costado la estima de muchos defensores de los Derechos Humanos dentro y fuera del país.

Su silencio ante la represión de la comunidad Rohingya, la misma que protagonizó el éxodo por la Bahía de Bengali hace unos meses y que suele terminar esclavizada en campos de Tailandia o Camboya en su huída hacia Malasia, o su tácita alianza con el general Shew Mann, presidente del Parlamento recientemente depuesto por el presidente birmano, mancillan su imagen.

El pasado 13 de agosto, policías armados rodearon la sede del oficialista Partido Unión, Solidaridad y Desarrollo (USDP) mientras miembros de la formación deponían a su presidente: en los mentideros políticos locales se rumorea que fue la forma del presidente, el general Thein Sein, de deshacerse de su adversario en la formación, quien habría estado dispuesto a pactar con Aung Saan Suu Kyi para ser presidente del país a cambio de la dirección parlamentaria, una forma de abrir huecos para una eventual reforma constitucional.

La Liga Nacional Democrática confía en volver a renovar los buenos resultados del pasado pese a las estratagemas del régimen. "Hemos encontrado numerosos errores en el censo. Mi nombre, por ejemplo, no aparece en la lista de votantes de mi distrito", estimaba Nan Khin Htwe Myint, miembro del Comité Ejecutivo central de la LND en declaraciones al diario birmano The Irrawaddy. "Con la experiencia del fraude generalizado de los votos anticipados en las pasadas elecciones, consideramos muy mal signo que la mitad de las listas electorales incluyan datos erróneos", añadía.

Las irregularidades podrían afectar a "entre el 30 y el 80% de las listas", según el presidente del Partido Arakan Aye Thar Aung, quien expresaba en declaraciones al mismo medio su temor a que una victoria masiva de la LND provoque que "el partido en el poder no transfiera sus competencias al nuevo Parlamento".

El 25% de los escaños del Hluttaw, con los militares
Incluso una victoria electoral no garantizaría a la Liga de Aung Saa Sun Kyi acceder al poder. La democracia disciplinada, como la califican los militares birmanos, no deja espacio a las decisiones de la mayoría. El 25% de los escaños del Hluttaw [Cámara Baja] están en manos de los militares que disponen de veto ante cualquier modificación de la Constitución, lo que impide por ejemplo que Aung San Suu Kyi pueda deshacerse de la enmienda constitucional que excluye a cualquier candidato con familiares directos extranjeros -sus hijos tienen nacionalidad británica- del cargo de presidente.

Además, una cláusula constitucional obliga a dejar en manos de los militares los ministerios de Defensa, Interior y Fronteras. La Comisión Electoral encargada de vigilar los comicios está presidida por un antiguo general que fue diputado del USDP. Es incluso cuestionable que pueda gobernar salvo que logre imponer a sus candidatos en dos tercios de los escaños en liza, aunque nada le impide confirmarse como la llave de cualquier coalición que aspire al poder.

El periodo post-electoral se perfila aún más desafiante que el voto en sí: queda por ver si los militares aceptarían una eventual mayoría parlamentaria de la oposición democrática y los partidos minoritarios, sobre todo después del precedente de 1990, cuando las elecciones quedaron anuladas tras registrarse una victoria masiva a manos de la LND.

La voluntad de diálogo no es el fuerte de Thein Sein y los militares son reacios a perder el estatus quo. El partido oficialista USDP, brazo político de la Junta militar, considera que ninguna facción conseguirá la mayoría. "Digamos que los representantes de los 14 estados y los militares están en el mismo barco navegando hacia la democracia. Pueden encontrar marejada y otras dificultades juntos, pero si trabajamos juntos, los militares conocerán las dificultades que enfrentamos y podrán ayudarnos. Pero si nos quedamos solos, no comprenderán los desafíos y no estarán de nuestro lado", argumentaba Tin Maung Oo, miembro del Comité Central del USDP. "Cuantas más dudas y dificultades, más posibilidades de que haya otro golpe como en Tailandia. Por eso, por el momento el 25% de legisladores militares debe continuar".

Visto en El mundo.

Si te ha interesado este artículo, compártelo.


votar