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¿Es bueno el turismo en Birmania?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Con la tímida apertura de Birmania al turismo durante los años 90, surgió el debate sobre el impacto que los visitantes podían tener en el país. En 1994, sólo cuatro años después de haber negado la victoria electoral de la Liga Nacional por la Democracia de la Nobel Suu Kyi, la junta birmana decidía lavarse la cara e invitar a los viajeros extranjeros a ver el país. La campaña “Visit Myanmar Year 1996 (1996, el año para visitar Myanmar) pretendía atraer turistas, pero sobre todo atraer dinero.

Durante mucho tiempo las condiciones para visitar el país fueron estrictas y la Junta monopolizó los beneficios del turismo. Los hoteles eran estatales o estaban asociados al Estado, a quien pagaban una importante comisión. Los medios de transporte también estaban controlados por el gobierno y cada turista tenía que cambiar 200 dólares en Foreign Exchange Certificates. El turismo estaba por tanto financiando a la Junta, por lo que la oposición, con Suu Kyi a la cabeza, comenzó una campaña de boicot al mismo.

Sin embargo, ahora Birmania ha encontrado otras formas de financiación más rentables como las piedras preciosas o el gas y, sobre todo, ha estrechado lazos con un aliado de excepción: China. El turismo ya le interesa poco y ha aceptado su progresiva privatización, lo que permite visitar Birmania dejando sólo una “pequeña” aportación a la Junta (que en realidad no es tan pequeña por el incremento del número de visitantes).

Probablemente no me habría planteado todo esto si no me hubieran denegado el visado, lo más seguro que por escribir líneas como éstas. Me da rabia, en realidad, porque me parece bastante estúpido que pierdan mis dólares (y otros tantos) por miedo a lo que yo, pequeña e insignificante, pueda escribir. Me da rabia porque su táctica es contraproducente; cuanto más me vetan, más quiero escribir y peores son los adjetivos que se me ocurren. Y me da rabia porque, aunque parezca mentira, debido a las dudas que tengo sobre la bondad del turismo en países en desarrollo, creo que una apertura al exterior sería beneficiosa para la población del país y no necesariamente supondría una amenaza para el régimen, como bien han demostrado los países de su entorno, como Vietnam, Laos o Camboya (lo que necesariamente lleva a la conclusión de que es bueno a medias). Pero yo estoy cabreada e indignada, así que cualquier opinión mía carecería de sentido. Pero sé que, algún día, entraré en Birmania.

Nosotros ni nos planteamos el ir a Birmania; ni por tiempo, ni por dinero; aunque seguramente también nos vetarías. Pero, igualmente, algún día...

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