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Birmania, la mayor prisión del mundo al aire libre

martes, 9 de noviembre de 2010

En ningún país del mundo hay tantas formaciones guerrilleras activas como en Birmania: algunas de éstas están, lógicamente, en contra de la dictadura, mientras otras han acordado el cese al fuego, o han decidido trabajar para el enemigo.

El destino de Birmania está marcado por sus riquezas. Es rica en gas natural, piedras preciosas y materias primas. Sin embargo, viéndola en el mapa parece un exquisito bocado entre las fauces de China e India, naciones muy distintas entre sí, y al mismo tiempo sedientas de materias primas y regidas por un desarrollo industrial desenfrenado. Pero por el momento, este bocado está siendo disfrutado por los generales que llevan 50 años en el poder.

En 1989, Birmania fue re-bautizada como Myanmar por la Junta Militar. El 7 de noviembre del presente año se llevaran a cabo las elecciones, una farsa impuesta por el general Than Shwe, el corpulento y astuto hombre fuerte de la Junta Militar dictatorial, la cual gobierna ininterrumpidamente a este país desde 1962. Se trata de una de las más vetustas y crueles dictaduras del siglo XX. Con estas elecciones busca darse un paradójico tinte de legalidad.

Experto en “guerra psicológica” del Ejército nacional, Than Swe es un sátrapa asiático paranoico que idolatra la astrología hasta el punto de considerarla un instrumento en las decisiones políticas. Con las elecciones quisiera desplazar a la comunidad internacional, poner fuera de la jugada a la oposición democrática y reforzar sus nexos con China. Está listo para quitarse el uniforme militar y ponerse ropa civil como neo-presidente, trajes que el sastre de la confianza le ha confeccionado. En las elecciones-farsa quedarán excluidos los mayores exponentes de la oposición democrática, todos aquellos que han purgado condenas dictadas por los tribunales especiales de la dictadura, comenzando por la premio nobel Aung San Su Kyi, esa valiente mujer relegada por los generales a doce años de arresto en su casa de Rangoon (la ex-capital que fue re-bautizada por los generales como Yangoon).

Aún sabiendo que el punto de la situación está en manos del potente vecino chino, los occidentales continúan convocando a inútiles y costosas conferencias, envían improbables “enviados especiales (el más inútil en todos estos años ha sido el que envió la Unión Europea, el italiano Piero Fassino). El embargo internacional no ha servido de mucho y la comunidad internacional renunció al uso de instrumentos de presión más fuertes sobre la Junta Militar, como sería la institución de un Tribunal penal internacional para los crímenes de guerra o la confiscación de los bienes del general, que se hayan depositados en el extranjero, mayoritariamente en los bancos de Singapur.

Periódicamente llegan dramáticas noticias de Birmania, pero la situación real al interior de este país, severamente negada a los medios internacionales, es mucho más confusa y desconocida.

El viaje en los misterios birmanos comienza en Mae Sot, al oeste de Tailandia, en la frontera con Birmania. Dos calles principales y paralelas, con miles de colores y olores, llenas de gente, atraviesan esta pequeña capital de la oposición al régimen birmano. En esta ciudad de algunos miles de habitantes están presentes miles de organizaciones de la oposición, las cuales diariamente producen documentos enciclopédicos e inútiles.

También hay miles de activistas que buscan sobrevivir gracias a las contribuciones extranjeras. Una asociación realmente útil e importante es la AAPP, que defiende a los prisioneros políticos, y es dirigida por Bo Kyi, uno de los estudiantes que en 1998 encabezó la rebelión reprimida sanguinariamente por los militares.

Después de siete años en la cárcel, Bo Kyi logró expatriarse. Me muestra un pequeño museo que ha montado con cientos de fotos e incluso reconstruyendo a tamaño natural una celda de una cárcel birmana. Pegada en una pared está la lista de prisioneros políticos, la cual es actualizada constantemente. Actualmente son 2.185, de los cuales 283 son estudiantes, 253 monjes y 177 mujeres.

En los primeros meses de 2010, fueron liberadas 16 personas. Arriba de la sede de la asociación, está Aung Kyaw Oo, de 41 años, pequeño y simpático, pasó 14 años en las cárceles birmanas. La voz le tiembla cuando me cuenta el ritual de sumisión al cual son sometidos los prisioneros, obligados a acostarse y asumir posturas de esclavos frente a las cárceles. Me dice que “la comida que nos daban nos enfermaba, muchos de los nuestros murieron sin medicamentos o por tratamientos equivocados.”

A la afueras de Mae Sot, en una modesta casita de dos pisos, Blominghtnight (su nombre verdadero), de cincuenta años, es la directora de la Organización de Mujeres Karen, que desarrolla un trabajo importante en medio de miles de peligros. Con una moto vieja, cubierta para que no la reconozcan los espías del sistema, viaja continuamente desde la sede de la organización hasta la frontera. Reúne y difunde noticias sobre los delitos que los militares birmanos comenten en contra de las mujeres y de la población civil.

Son las mujeres, sobre todo, quienes mantienen un rol central dentro de la oposición al régimen, organizando ayudas para la población. Un ejemplo es Cynthia Maung, médica y fundadora de la más importante clínica en la frontera, ha sido candidata al Premio Nobel, y cada mes envía a sus “mochilas, que son valientes enfermeros que clandestinamente llevan a los pueblos perdidos de la selva birmana canastas repletas de medicinas.

Después de un año encuentro a Zipporah Sein, secretaria general de la Unión Nacional Karen (KNU, por sus siglas en inglés), ala política de la oposición. Ella es la mujer más famosa entre los Karen. Esta señora de cuarenta años, jovial y un poco tímida, hija de un viejo general de la guerrilla, ha reforzado sus convicciones sobre la oposición armada. Dice con convencimiento “la nuestra es una guerrilla pacifista, de autodefensa en los pueblos y para la población”. Aun cuando su predecesor fue asesinado por sicarios del régimen birmano, Zipporah vive sola en una pequeña casa en las afueras de Mae Sot.

Visto en El polvorín.

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