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Birmania, protectorado estratégico de China

lunes, 8 de noviembre de 2010

China y Birmania han constituido un matrimonio de conveniencia perfecto. El gigante asiático precisa las materias primas que posee su vecino para alimentar su voraz apetito de consumo industrial y energético, así como estratégico. El régimen militar birmano, por su parte, se beneficia de los productos manufacturados procedentes de China, así como de la ayuda de Pekín en los foros internacionales. La mayor compañía petrolífera del país, la CNPC, obtuvo hace pocas semanas los derechos exclusivos para construir y explotar un oleoducto que unirá la isla occidental birmana de Maday con la ciudad fronteriza china de Ruili y que se calcula que transportará unos doce millones de toneladas de crudo al año. Por su parte, el régimen birmano asegura a China el acceso al océano Índico, no sólo para que realice importaciones energéticas, sino también para que pueda usar su territorio como potencial base militar en caso de crisis internacionales.

Ah, si Buda levantara la cabeza!", exclama una anciana birmana mientras observa cómo de la cabeza de aquél salen destellos de luz de diversos colores mientras un grupo de devotos le rinde homenaje en la pagoda Kuthodaw en Mandalay, la capital económica, cultural y religiosa de Birmania.

Se trata realmente de una imagen muy kitsch, que contrasta con la suntuosidad del lugar y de la figura de oro de Buda. Para los occidentales resulta chocante. Sólo hay que imaginar a Jesús, la Virgen o los doce apóstoles con la cabeza rodeada de un aura de lucecitas de diversos colores que se encienden y se apagan, formando diversos dibujos geométricos.

"Son los chinos los que han dotado de electricidad a esta figura y no se trata sólo de esta pagoda, lo podrán ver en cualquiera de los muchísimos templos de la región", comenta una guía local a un grupo de occidentales que visita el templo de Kuthodaw. "Es una de sus múltiples fórmulas para congraciarse con la población local", añade la misma guía, que recuerda que el 90% de la población profesa el budismo.

La iluminación de Buda puede parecer una anécdota, pero constituye un claro ejemplo de la presencia y el poder de la comunidad china en Mandalay. Su presencia alcanza actualmente la mitad de la población de la segunda ciudad de Birmania, corazón económico y comercial de este país del sudeste asiático, y se explica por su sentido de los negocios.

Y es que esta urbe, dominada por un tráfico incesante de bicicletas y motos de pequeña cilindrada, es el punto neurálgico de la llamada Burma road, en alusión a la carretera que une Mandalay con la provincia china de Yunan. Por ella circulan diariamente caravanas de camiones cargados de mercancías chinas que serán vendidas en los mercados birmanos a bajo precio.

Los birmanos reconocen que los productos del gigante asiático no son de muy buena calidad. "Los tailandeses y coreanos son mejores, pero más caros", dice una joven. El Banco Asiático de Desarrollo recuerda que la mayoría de la población del país vive bajo el umbral de la pobreza. El ingreso medio por habitante es de unos 300 dólares anuales, o sea, menos de un dólar diario.

Un paseo por el centro de Mandalay es como trasladarse a una ciudad china. Se comercia a todas horas. Se habla mandarín y los precios de los productos suben y bajan constantemente en los puestos de venta callejeros y de los centros comerciales.

El coloso asiático suministra el 80% de las importaciones que consume Birmania, con una gama de productos que van desde los electrodomésticos al cemento, pasando por la pintura, la harina o el jabón, según la agencia oficial de noticias Xinhua. El comercio bilateral entre Pekín y Rangún se cifra en unos 2.910 millones de dólares, de los que la mayor parte, 2.260 millones, son exportaciones chinas a Birmania, y 646 millones corresponden a ventas birmanas a China, según cifras oficiales. Actualmente, China es el segundo mayor inversor en Birmania, después de Tailandia, y su inversión total es del orden de los 10.000 millones de dólares.

La creciente presencia china se explica por el proceso de progresiva apertura que la junta militar y que prevé continuar tras las elecciones legislativas de mañana. Se trata de los primeros comicios que se celebrarán en este país desde 1990, aunque todas las organizaciones internacionales y numerosos países ya las han deslegitimado por considerar que no cumplen las mínimas condiciones democráticas y la oposición no puede concurrir libremente.

El interés chino por asentarse en Mandalay y sus alrededores tiene su lógica económica. Es el centro neurálgico del artesanado y el comercio, posee las mejores facultades de informática, matemáticas y medicina, y representa más de la tercera parte de la economía nacional birmana. A ello suma que al norte de esta región se hallan las principales minas del país, de materias primas y también de piedras preciosas, negocio éste controlado mayoritariamente por sociedades chinas.

"Una de las fórmulas más utilizadas por los emprendedores procedentes del gigante asiático para hacerse con las riendas de los negocios birmanos es a través del matrimonio mixto y adquirir la nacionalidad, a cambio de unos mil dólares", según señalan fuentes birmanas que prefieren guardar el anonimato.

Numerosos hoteles, restaurantes, joyerías y agencias de viajes están en manos chinas. Hay vuelos directos desde el sur de China a Mandalay. "Los chinos sólo quieren visitar Mandalay y sus alrededores y luego se gastan verdaderas fortunas en las joyerías. No les interesa nada más de Birmania", relata una empleada de una agencia de viajes local.

La demostración más palpable de que la comunidad china controla la economía en Mandalay la constituyen los grandes vehículos negros con cristales oscuros - típico objeto de ostentación chino-que circulan por el centro de la ciudad y que contrastan fuertemente con el deteriorado parque automovilístico local y el gran número de bicicletas y motos existentes. Son los únicos coches nuevos y relucientes que hay en la ciudad. Una prueba definitiva de que el corazón económico de Birmania late en chino.

Visto en Radical.es

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