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20-N: día universal del niño

jueves, 11 de diciembre de 2008

Hoy es el Día Internacional del Niño.

Un día en el que deberíamos pararnos a pensar en las desgracias que sufren millones de niños en este mundo.

Aunque pienso que si dedicáramos 5 min cada día a pensar en estas cositas, el mundo funcionaría mucho mejor.

Tuve la oportunidad de viajar este año a Birmania y comprobar lo distinta que es la vida en ese país. No he viajado mucho pero puedo decir que Birmania es un país como ninguno, un país bajo un estricto régimen militar, un país de ensueño, un país reprimido,...

Podría contar mil detalles sobre el viaje, pero me voy a centrar en lo que más me chocó de Birmania: los niños.

Sé que lo que vieron mis ojos no es nada comparado con el horror que sufren los niños en este país.

Los niños birmanos son niños adultos. Son niños de corta edad pero debido a la dureza del país maduran rápidamente. Los niños más afortunados, pero de familias muy humildes, consiguen ir unos cuantos añitos a la escuela, pero cuando una familia no consigue reunir 20Eur para pagar un año escolar, el niño cambia sus cuadernos por pico y pala.

Me entristecía ver como pasábamos por los campos y entre la gente adulta se encontraban niños y niñas arando la tierra bajo un sol de justicia. Desde lejos venían corriendo a saludarnos y a preguntarnos de dónde eramos. Me daban ganas de abrazarlos a todos.

Sorprendida me quedaba cuando llegábamos a una estupa y de repente un niño descalzo, con su carita sucia, te cogía de la mano y mientras te paseaba por todas las esquinas de la pagoda te preguntaba por tu nombre, y chapurreando en inglés o en castellano soltaba un: "tienes unos ojos muy bonitos". Me hacía gracia pero su rostro era una imagen para no olvidar.

Yo les preguntaba a ver por qué no estaban en el colegio y ellos me miraban diciendo: No Money!

Me rompía por dentro.

Otro detalle que me marcó es ver como una niña de apenas seis años cuidaba de un bebé, atado con un pareo a la espalda. Esta niña en lugar de estar en la escuela cuidaba de su hermanita, mientras sus padres trabajaban en el campo.

Lo que no puedo explicar con palabras era lo que sentía cuando les hacía un regalito (para nosotros insignificante).Un boli, un jabón de los que hay en las habitaciones de los hoteles, un simple gancho de pelo, un triste caramelo... se les iluminaba el rostro de felicidad, y a mi los ojos de lágrimas.

Era graciosísimo sacarles una foto y seguido enseñársela en la pantalla de la cámara; unos ponían ojos como platos, otros se reían y apuntaban con el dedo la pantalla, otros se asustaban y otros te pedían más fotos.

La verdad que mis sentimientos durante el viaje iban como en una montaña rusa. Ver tantas cosas y una vida tan distinta a la nuestra, te hace replantear tu propia vida.

Por supuesto que estas penurias no son las únicas que sufren estos niños. En todo el mundo, hay millones de niños, víctimas de abusos, de violaciones, malos tratos, sometidos a trabajos inhumanos... y un largo etc.

Si cada uno aportara un poquito de su bondad, creo que algo se podría arreglar, ¿verdad?

Extraído del blog Hikari Photo

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