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Birmania, ahora o nunca

viernes, 4 de mayo de 2012

Durante mucho tiempo fueron sólo periodistas, políticos y unos pocos viajeros aventureros los que te encontrabas recorriendo Birmania. Pero las cosas están cambiando muy rápidamente y como acaba de vaticinar el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, de visita oficial estos días en Birmania, "Ahora es el momento de que la comunidad internacional se ponga del lado de Myanmar...".

Y eso parece ser lo que están pensando la mayoría de viajeros que tenían Myanmar (también conocido como Birmania) en su lista de viajes pendientes. Desde que a finales del pasado año se iniciaran las reformas del antaño hermético país del sudeste asiático, las noticias no dejan de ocupar espacio en los medios. A las elecciones del mes pasado y el anuncio del asiento parlamentario para Aung San Suu Kyi, le seguía esta semana una tímida pero importante noticia para el turismo internacional: Birmania empezará a conceder visados de llegada. En principio limitada a los países del sudeste asiático, se espera que la medida se aplique al resto de nacionalidades en breve.

Por ello parece ser el mejor momento para hacer las maletas y decidirse por fin a visitar uno de los pocos países no contaminados, aún, por el turismo de masas que ha invadido el resto de países de la zona. Los inversores ya han llegado e intentan tomar posiciones ante el inminente despegue de esta economía de casi 55 millones de habitantes.

¿Está el país preparado para esta nueva invasión de turistas? Las reformas políticas han ido a demasiada velocidad para el sector hotelero, que se esfuerza por aumentar el número de habitaciones y la calidad de sus hoteles para satisfacer la súbita demanda. En temporada alta (entre septiembre y febrero) los hoteles se encuentran a un 90% de su capacidad. Un periodista amigo me comentaba hace unos días la dificultad de encontrar habitación en Rangún, donde el precio medio por habitación de hotel ronda los 150 euros la noche. También Mandalay, famosa por el puente de teca U Bein y sus pagodas, se encuentra al límite de su capacidad, como también las playas de Ngapali, recientemente descubiertas al turismo.

Paradójicamente, el aislamiento que hacía a Birmania figurar en la lista negra de la comunidad internacional ha sido lo que la ha hecho tan interesante de visitar todos estos años. Además de los ya mencionados destinos, el lago Inle y las pagodas de Bagán convierten un viaje a Birmania en una experiencia inolvidable en la que el tiempo parece haberse detenido. Todavía es posible salirse del circuito principal y no encontrarse con casi ningún turista, buceando, por ejemplo, en las islas Mergui, o alejándose de los templos principales en Bagán.

¿Seguirá el país el camino de sus vecinas Vietnam, Camboya y Tailandia? Probablemente, el turismo y el desarrollo no respetan sensibilidades, y demandan tiendas, cafés, restaurantes y centros comerciales para sentirnos como en casa después de haber cruzado medio mundo.

Incluso los clandestinos Hermanos Moustache, que se dedicaban a la sátira política en Mandalay, tendrán que cambiar su repertorio ahora que su bestia negra ha sido por fin domesticada por el progreso.

Si estás pensando en Birmania, date prisa antes de que ya no sea como lo imaginas.
Visto, con miedo y tristeza, en Ocho leguas, vía Meneame.

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