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Birmania, arte e internet

domingo, 12 de diciembre de 2010

Birmania evoca más a menudo la imagen de militares que la imagen de pintores. Y sin embargo, a pesar de la dictadura, la sociedad birmana es una sociedad creativa, bulliciosa, en movimiento. En su proyecto Rangoon Cocoon, la realizadora Anne Murat y el fotógrafo Brice Richard han recogido numerosos testimonios de artistas birmanos, de los que aquí explican un extracto.

La censura, la carencia de medios y la mediocridad de la educación afectan a todos los sectores de actividad en Birmania, sobre todo las artes. Mientras que el arte contemporáneo a nivel internacional ha invertido en el campo de las nuevas tecnologías desde hace tiempo, los pintores birmanos han de pelearse todavía para acceder a las escasas impresoras, programas de tratamiento de imágenes y publicaciones anglófonas disponibles en la capital, sin hablar de los libros de arte, inencontrables o inalcanzables.

D.A. Es un caricaturista comprometido y nos comenta: “Para conocer el nivel de desarrollo de un país hay que tener en cuenta su nivel de creación. En un país subdesarrollado los artistas deben emplear todo su tiempo en trabajos alimenticios, en vez de emplear el tiempo en encontrar inspiración. La situación política, económica y artística están relacionadas. Hoy día, en Birmania, la mayoría de los artistas no pueden vivir de la actividad artística.

Maung Maung Thein, pintor tradicional, es propietario de una pequeña galería en Yangón y confirma: “El público no responde. Y no sólo por cuestiones financieras. Hay que formar a la gente en el arte, enseñarles a apreciarlo y comprenderlo”. Maung Maung Thein nos confiesa que su galería no le da suficiente para vivir: desde hace años da clases de pintura para subsistir.

Si la minúscula clase media no está preparada para invertir en arte contemporáneo, la mayoría de las obras son adquiridas por los expatriados y los turistas, una clientela volátil, que desaparece en las épocas de disturbios o de huracanes. Los años buenos, Birmania tan solo acoge a 300.000 visitantes, cuatro veces menos de los que visitan Tailandia. Y sin embargo, la calidad de las obras creadas en Birmania ha mejorado considerablemente estos últimos años, gracias a una comunidad de pintores en pleno desarrollo. Las exposiciones dedicadas al arte birmano se han multiplicado en Asia, lanzando la carrera de estrellas en alza tales como Zaw Win Pe, Kin Zaw Latt, Thank Kiaw Thay, Nann Nann, U Soe Moe, Aye Ko, Chaw Ei Thein... un puñado de artistas que hoy forman parte del circuito artístico internacional y pueden esperar vivir decentemente de su arte.

Susan Anderson, propietaria de una lujosa galería de arte en Rangoon, ha sido la testigo más entusiasta de esta evolución reciente:

En 2002, tan solo había un puñado de artistas que se ganaban correctamente la vida y exponían en el extranjero. Hoy día se han convertido en dos o tres puñados. Los coleccionistas empiezan a interesarse en el arte birmano y los artistas locales han aprendido a entrar en contacto con los promotores y a situarse en los simposios de arte asiáticos. Los pintores encuentran cada vez más la manera de ir a trabajar al extranjero. Myanmar ha pasado de ser una isla que lo ignoraba todo del mundo exterior a convertirse en una península. El relativo aislamiento de Myanmar es una ventaja y un inconveniente. Es cierto que los artistas están raramente al corriente de las últimas tendencias del mercado del arte, pero en este sentido se mantienen muy puros. Encuentran su inspiración en lo que les rodea, en esta herencia cultural, esta tradición, esta religión budista de la que están tan orgullosos. Para muchos artistas crear es un auténtico acto de devoción”.

Paralelamente, una nueva generación de artistas parece haberse dado cuenta de que, en un país donde el acto de creación es como mínimo difícil y en el peor de los casos peligroso, la unión hace la fuerza. Las asociaciones se multiplican, algunas son muy ambiciosas, como el proyecto New One, una galería creada y gestionada por un colectivo de 30 artistas, y otras son más espontáneas. Cada domingo, en casa de la fotógrafa Kyiasng Pyo y el escultor Ko Hla, se reúnen una decena de artistas alrededor de una vela para intercambiar ideas y cantar canciones:

La generación anterior tenía tendencia a permanecer aislada, explica Kyiang Pyo. Pero nosotros, la joven generación, aprendemos idiomas extranjeros y vemos la televisión, que es una ventana abierta al exterior, al mundo. Nosotros nos acercamos los unos a los otros, tenemos un espíritu más abierto, nos gusta compartir, crear redes. Todo el mundo tiene conocimientos diferentes. Hablando nos enriquecemos mutuamente. Al reunirnos, nos ayudamos entre nosotros”.

Esta joven generación es mucho más consciente de las posibilidades que abre internet en materia de inspiración y de promoción artística. Según Aung Aung, un joven prodigio de 24 años que ya vende sus telas por más de 4.000 euros cada una, la web está a punto de cambiar Birmania:

En la escuela de arte solo copiábamos las telas de los maestros. Después llegó internet... En la web he podido descubrir y analizar el trabajo de artistas extranjeros contemporáneos y darme cuenta de que existían muchos estilos diferentes. Me inspiré en ellos para desarrollar mi propio estilo. Internet también ha cambiado la manera en que la gente percibe el arte en Birmania. Antes, la gente solo admiraba pasivamente la pintura. Ahora hacen preguntas, comparan, buscan qué novedades hay. Es muy positivo. Cada vez se ve menos arte realista y más arte conceptual”.

El fenómeno internet está todavía en sus inicios pero poco a poco las ciudades se conectan. Los cibercafés se encuentran con bastante facilidad en Rangoon y Mandalay. Aunque el coste de la conexión, 0,50 euros, es elevado, la conexión es poco fiable y la web está estrechamente vigilada por la Junta militar, Birmania cuenta hoy en día con 50.000 usuarios regulares: se acaba de abrir una pequeña ventana al exterior. El acceso a los nuevos medios de comunicación transforma la manera en que la nueva generación se informa, consume y aprende.

Para la joven artista y madre de familia Na Wuh: “Todavía hoy se percibe a los artistas de manera negativa: ¡ser artista equivale a no trabajar y ser pobre! Mi madre quería que fuera una mujer de negocios por el dinero y el prestigio. Para mí, la manera de cambiar estas percepciones se consigue vendiendo mis obras en el extranjero, porque hay museos que organizan grandes exposiciones, hay colecciones privadas... Aquí en Birmania, es más difícil, pero internet contribuye a transformar esta percepción.

Texto: Anne Murat www.annemurat.net
Fotografías: Brice Richard www.bricerichard.com
Traducción del francés: Nuria Armengol
Más información en la web: www. rangooncocoon.com

Visto en AzulBleu.

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